¿Y quién no está perdido?

Me doy el gusto, ¿bien?

Me lo doy porque “El cabaret de los hombres perdidos”, con Omar Calicchio, Roberto Peloni, Esteban Masturini y Diego Mariani, dirigidos por Lía Jelín y con la dirección musical del maravilloso Gaby Goldman -que ya va por su segunda temporada en el Teatro Moliére (Balcarce 682, San Telmo, Bs.As.)-, es el espectáculo musical que más me ha gustado en los últimos tiempos.

Nacido en el off de París, “Le cabaret des hommes perdus”, de Cristian Simeón y Patrick Laviosa, fue un éxito en su ciudad de origen. El espectáculo en Buenos Aires -y no es fortuito- tiene 10 nominaciones a los Premios Hugo al Teatro Musical, de las cuales ya dos se convirtieron en premio (mejor dirección de actores -para Lía- y mejor adaptación y/o traducción de libro y letras -para Peloni y Jorge Schussheim-).

No pienso contar la historia: baste decir que ronda en torno de un joven (Masturini) que se enfrenta a su destino (Calicchio) y le pasa lo que nos pasa a todos: los sueños se dan de bruces contra la hostil realidad,  en un mundo que hace gala de una retorcida comprensión de la palabra “éxito”. En su derrotero se va encontrando con diferentes personajes: el tatuador (Mariani) y el travesti (Peloni), a los que se suman otros, que interpretan los mismísmos actores, doblando personajes.

El texto tiene varias capas de lectura: uno puede quedarse con la sencilla anécdota o dejarse ganar por la lectura metafísica y terminar preguntándose de qué demonios se ha estado riendo a carcajadas.

He visto el espectáculo cuatro veces y puedo concluir: en este elenco no hay fisuras. El trabajo de Masturini me provoca el instinto maternal; realmente dan ganas de protegerlo. Diego Mariani es capaz de manejar las contradicciones entre luces y oscuridades de su personaje con un detallismo digno de una sensibilidad delicada. Roberto Peloni despliega una gracia y un humor ríspidos en esa diva tragicómica que compone. Omar Calicchio… ¡Ay, Calicchio! He seguido la mayor parte de su carrera y tengo la sensación de que este es uno de sus más grandes trabajos. Los cuatro son, además, poseedores de unas voces y una musicalidad fuera de serie.

cabaret

Un cuadro que se titula “Moi, Moi”, y es uno de mis preferidos. Foto: Alejandro Palacios

Estilísticamente, “El cabaret…” hecha mano de una combinación arriesgada y poco habitual de café-concert, music-halll y teatro musical, y funciona… La música, con los arreglos increíbles de Gaby Goldman, navega por momentos en las aguas cercanas al cabaret de entre-guerras, pero no casa con nadie. El piano en vivo, ejecutado por Fernando Albinarrate -que también despliega instantes de actuación-, es el único instrumento. Los arreglos corales, y la enormidad de las voces hacen el resto.

La ambientación, escenografía y vestuario del genial René Diviú han recreado en todo el lugar el clima y la estética de un cabaret de zona roja con obsesiva precisión y gran belleza.

Y todo eso no hubiera sido posible si no fuera por la dirección de Lía Jelín, claro está.

Pero más allá de todo, siempre me han impresionado la entrega y la pasión con las que el espectáculo transcurre sobre el escenario. Y eso, qué quieren que les diga, es muy contagioso, y uno sale absolutamente electrizado del teatro.

Hay quienes dicen que “El cabaret…” es una comedia feroz, pero creo que incluso esa definición le queda estrecha.

Vayan. No se van a arrepentir.

Están solo los martes, a las 20.30. Y reserven, porque se llena. Teléfono: 4343-0777

Alejandra Herren

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